Algunos cazadores de gangas creen que hay que comprar todas las acciones con una relación precio/ganancia baja, pero esa estrategia carece de sentido desde mi punto de vista.
El PER que para una acción de BSCH es una ganga, no tiene porqué serlo para una Repsol.
Si usted hubiera invertido en una compañía con un PER de 1000 cuando el Rey Arturo rondaba por Inglaterra, y en el caso de que las ganancias se hubieran mantenido constantes, estaría usted por estas fechas recuperando el valor de su inversión. Ridículo, no? Es un claro indicador que debemos contemplar.
Los tipos de interés tienen mucho que ver con los PER prevalecientes, puesto que los inversores pagan más por las acciones cuando los tipos de interés son bajos y los bonos resultan menos atractivos. Tipos de interés aparte, el increíble optimismo generado por el mercado alcista puede conducir el PER a niveles ridículos. Durante ese periodo, las acciones de rápido crecimiento ostentan unos PER más bien propios del País de las Maravillas.
Las acciones de lento crecimiento adquieren unos PER que en otras épocas, están reservados para las acciones de crecimiento rápido.
El PER de cualquier compañía que esté justamente valorada tiene que igualar su tasa de crecimiento. Si tiene un PER 15 es de esperar que esté creciendo al 15% beneficios. Si el PER es menor que la tasa de crecimiento, entonces es posible que haya dado usted con una ganga. Una compañía, pongamos por caso, con una tasa de crecimiento del 12% y un PER de 6, tiene una perspectiva muy interesante. Una compañía con una tasa de crecimiento del 6% anual y un PER de 12 es una mala idea de inversión, destinada a acabar mal.
En lo referente a la siempre importante tasa de crecimiento futura, su deducción es tan válida como la mía. Una fórmula un poquitín más complicada nos permite comparar la tasa de crecimiento con las ganancias, teniendo en cuenta los dividendos al mismo tiempo. Para ello deberemos averiguar la tasa de crecimiento a largo plazo (por ejemplo, en la empresa ABC el 14%), súmele los dividendos (ABC paga el 3,9%), y divida por la relación precio-ganancia (en ABC es 7,2). En el ejemplo, sería (14 + 3,9) / 7,2 = 2,5.
La valoración consiste en los siguientes varemos:
-menos de 1 es poco,
-entre 1 y 2 está bien,
-mayor que 2 es la ideal.
Una empresa creciendo al 14%, un dividendo del 3 y un PER de 6 hubiera dado un fabuloso 3.
Siempre es aconsejable además, revisar la situación de liquidez de la empresa (así como el valor de las empresas afiliadas) como parte de su trabajo de investigación. Uno nunca sabe cuándo va a tropezar con un regalo. En el caso de ABC, por ejemplo, la liquidez era de 15.000.000.000 de euros mientras que la capitalización era de 18.000.000.000. Si aplicamos el cálculo del PER habitual, es decir capitalización entre beneficio, obtenemos un PER (18.000.000 / 2.500.000) de 7.2 veces (teniendo en cuenta que ABC tiene un beneficio de 2.500.000 euros). El PER de ABC es generoso aunque ningún regalo. Sin embargo, si normalizamos el PER a la situación de efectivo nos encontramos que (18.000.000.000 - 15.000.000.000 = 3.000.000.000) / 2.500.000 = 1,2 veces de PER.
Si ajustamos el PER real con el dividendo y la tasa de crecimiento, como hemos visto anteriormente con la empresa ABC (recordemos (14 + 3,9) / 7,2 = 2,5) tenemos 14 + 3,9 / 1,2 = 14,91. Un señor 14,91.
La conclusión en estos casos es clara, venda su casa y compre la empresa ABC.
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